En el marco del Día Internacional de los Monumentos y Sitios, una residencia distinguida por su valor arquitectónico y protegida desde 2007 inicia una nueva etapa que integra historia, arte, gastronomía y vida social contemporánea.
En una ciudad donde la historia convive con la reinvención constante, Mansión Mihura emerge como un caso ejemplar de cómo el patrimonio puede proyectarse hacia el futuro. En el marco del Día Internacional de los Monumentos y Sitios (DIMS), el 18 de abril -aprobada por la Asamblea General de la UNESCO en 1983-, la restauración y reapertura de esta residencia de la gilded age porteña por parte de Recoleta Grand, a Tribute Portfolio Hotel, propone una nueva forma de experimentar Buenos Aires.
El lema del DIMS 2026 pone el foco en el “patrimonio vivo”: aquellas expresiones culturales que heredamos de nuestros antepasados y transmitimos a las generaciones futuras, y que están cada vez más amenazadas. Mansión Mihura encarna justamente esa definición: un edificio que no solo conserva su forma arquitectónica original, sino que ha sido reinventado como escenario de encuentro social, arte y gastronomía de vanguardia.
Construida en 1922 por Francisco Mihura y proyectada por el arquitecto Eduardo Lanús, Mansión Mihura es una pieza singular dentro del paisaje urbano porteño. Inspirada en el modelo del petit hôtel francés —tipología residencial de fines del siglo XIX que combinaba la vida privada de las grandes familias con su representación social— su fachada combina rigor académico, ornamentación clásica y una fuerte identidad simbólica, coronada por elementos escultóricos que remiten a la tradición europea, como la diosa Ceres. Fue acreedora del 2.º Premio Municipal de Arquitectura, consolidándose como una referencia del patrimonio arquitectónico local (el primer lugar fue declarado desierto ese año).



La mansión fue testigo de una era extraordinaria de Buenos Aires: la ciudad que en las primeras décadas del siglo XX albergaba a presidentes como Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear, y en la que artistas, escritores y la alta sociedad porteña conformaban una vida cultural intensa y cosmopolita. Esa bohemia —evocada durante la noche de apertura— impregna cada salón y cada moldura del edificio, cuyos elementos y materiales fueron reparados o reemplazados con exactitud, esmero y maestría por un equipo especializado que trabajó también en la restauración de la Confitería El Molino. El estudio neoyorquino EDG, responsable de la ambientación de Mansión Mihura, recibió una nominación como “Best of Year” para la revista Interior Design en la categoría Graphics & Branding.
En 2007, la ciudad de Buenos Aires reconoció formalmente el valor patrimonial del edificio otorgándole protección oficial, un respaldo que subrayó su relevancia dentro del tejido histórico y arquitectónico de Recoleta, el barrio que concentra la mayor densidad de arquitectura academicista de la Argentina.
Hace pocos días, Recoleta Grand, Buenos Aires, a Tribute Portfolio Hotel celebró la apertura de Mansión Mihura con un cóctel exclusivo que reunió a 250 invitados. La inauguración marcó un nuevo capítulo en la evolución del hotel: la recuperación de un ícono de Recoleta para sumarlo a su repertorio de experiencias. Mansión Mihura alberga hoy los restaurantes The Atrium y The Dining Room, así como los bares The Parlor y The Serpent Club, todos bajo la dirección del chef ejecutivo Maximiliano Matsumoto.
La restauración partió de un principio claro: preservar para vivir. Cada intervención respetó los elementos originales —molduras, proporciones, carpinterías y salones— integrando tecnología, diseño contemporáneo y nuevas funcionalidades que permiten habitar el espacio desde una lógica actual. Lejos de ser un ejercicio de conservación estática, el proyecto propone una reinterpretación que mantiene viva la esencia del edificio.
En este nuevo capítulo, Mansión Mihura se posiciona como un espacio donde convergen distintas dimensiones de la vida urbana. Su propuesta se articula en torno a cuatro pilares: lo social, las artes, la música y una oferta de gastronomía y coctelería de autor. Este enfoque da forma a una experiencia de “quiet luxury”, donde el disfrute se construye desde la calidad, la sensibilidad estética y la autenticidad.
En este contexto, el Día Internacional de los Monumentos adquiere una dimensión renovada: ya no se trata únicamente de preservar, sino de reactivar. Mansión Mihura encarna esta evolución, posicionándose como un puente entre el legado arquitectónico de Buenos Aires y las formas contemporáneas de habitar, crear y compartir la ciudad.


















