En una decisión que parece tomada desde un escritorio completamente desconectado de la realidad federal, el Gobierno nacional de Javier Milei, oficializó una medida insólita: las tasas de los vuelos de cabotaje (dentro de Argentina) no solo aumentan (143%), sino que pasan a estar dolarizadas.
Para la industria del turismo interno, esto no es un ajuste más; es un verdadero golpe de gracia. Mientras las provincias y las economías regionales hacen malabares para atraer visitantes, esta resolución para los aeropuertos de Aeropuertos Argentina transforma el derecho a recorrer nuestro propio país en un privilegio exclusivo para billeteras de élite.
Para que se entienda: Desde diciembre, lo que hasta ahora costaba un tope de $5.685 (US$ 3,69) pasará a costar US$ 9 fijos. O sea, a plata de hoy, unos $13.860. Estamos hablando de un aumento del 143% que va directo al precio del pasaje aéreo. Para colmo, como la tasa queda fija en moneda extranjera, cada vez que el dólar oficial suba, el costo en pesos se va a disparar automáticamente.
Están destruyendo la competitividad de las economías regionales. Hoteleros, gastronómicos, guías y comerciantes provinciales van a pagar los platos rotos de un país que se volvió impagable para los propios argentinos. El turismo no es un lujo de élite; es trabajo para miles de familias y soberanía. Con estas medidas, están dejando varados a los argentinos en la propia terminal.
No se puede potenciar el turismo si se dinamitan los puentes para llegar a los destinos. Dolarizar el costo de volar por Argentina es aislar al país, apagar los motores de una de las industrias que más empleo genera y condenar al ciudadano común a olvidarse de las vacaciones. Y las provincias mirarán con desesperación cómo el federalismo se reduce a una simple cotización cambiaria.

















